La Coctelera

Categoría: SALVADOR PLIEGO

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PASION DEL POETA POR SALVADOR PLIEGO


Entre cristales resonantes cual copas de sortijas,
bebíanse del vaso las delicias de un racimo.
Ahí sentados, como dioses,
pluma en mano, atavío fino y guante raso,
los poetas deleitaban con sus versos la verbena.
Alzó la mano Pablo, Neruda por renombre,
y mirando a un retrato, dijo:
"Confieso que he vivido."
Y clamó sus versos de amor y sentimiento.

Le siguió Darío. Rubén Darío por respeto he de decirlo.
Insigne y magno en su apariencia,
quien alzando gallardamente el brazo, exclamó:
"Padre nuestro, que estás en los cielos…"
Y recitó los versos celestiales del Hermano Asís.

Tras un minuto de silencio le siguió en su asiento,
sin pararse o inmutarse, Baudelaire.
Seco, arisco, sin mueca alguna,
miró hacia el techo y contemplando el tejado, enunció:
"Mi pobre musa, ¡ay! ¿qué tienes este día?".
Y con un gélido acento, recitó La metamorfosis del vampiro.

Callaron los poetas y observando al cuarto asiento,
del lugar un individuo levantóse y dijo:
Yo no soy poeta, señores. Lo admito y reconozco.
Jamás he escrito un verso.
Tras un silencio corto fijó su vista hacia la nada y exclamó:
¿Ven lo que yo veo?
Distante, la noche acoge lo que el mar asombra.
En el rito de las olas duermen las corolas
como ávidos pájaros y se enseñorean en sus caudas.
¡Yo los veo, los siento, los palpito!
¿Qué es la poesía?, me preguntan.
¡Ah, noche mía, noche mía!
¿En qué ruta te escondiste hacia la vida?
¿En qué piélago fuiste devorada?
¿Dónde el fruto se acogió del ave?
Oh mi pasión desenfrenada.
Como un relámpago me ató la vida hacia los labios.
Como un trueno entregó mi carne hacia el deseo.
Ella sus ojos, yo su canto.
Me vestí de arroyo tras su cause.
Arremetí la cumbre por su nombre.
Acogí la flora por sus labios.
Desmembré los sauces por sus manos.
Y conté uno a uno sus besos de la tarde.
Uno a uno, poetas. Y con sólo una mirada
aprendí del trino, de las rocas, de los picos, de las noches.
Yo nunca he escrito, señores.
Pero sé de ella… de sus besos.
Y he mirado el mar al abrir ella sus ojos.

Calló el poeta y murió la tarde.
El mar rugía efervescente.
Y la noche musitaba una caricia.

Salvador Pliego

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NEGRO POR SALVADOR PLIEGO




Negro, ¡y qué!...
Cosa de olvido, cucú pelado,
siempre castaño y azucarado.
Negro lampiño, arrebolado,
caña de olivo y desenfrenado.
Negro, mi negro,
jacarandoso y deshilvanado.
Ha dicho al prelado:
no soy más esclavo.

A mí se me denme,
se me denme las pie,
de tanto brincá, de tanto bailá,
de tanto mové la cintura al revé.

Negro bochinche,
se ha puesto triste la negra Mercé.
La jala el corsé, le aprieta el sostén,
le duele la panza del tamborilé.

Ponete a danzá. Ponete a bailá.
Vanmo mi negra hacete pa'cá.

A mí se me denme,
se me denme las pie,
de tanto brincá, de tanto bailá,
de tanto mové la cintura al revé.

Salvador Pliego

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Encanto por salvadro pliego


Como caída matinal que va alumbrando
me inspiras tú y voy inmerso.
Corredor de alubias, playas y beduinos.
Mágicos muslos que me hechizan.
Hechicera del encanto y la belleza,
llevas la gracia que hipnotiza mi mirada.
Petrificas mi cuerpo
y eres ese rayo, esa tarde,
esa nube lejana que me incita.

Todo en ti me encanta:
ese aroma que en fuego se desprende,
esa bocanada que en bruma
de tus pechos sugestiona,
esos sentimientos que en tus labios
incitan y fulminan.

Magnetizas la noche con tu vientre.
Fascinas las sonrisas de mi rostro.
Atraes el poder de la alegría.
Posees el dominio de la aurora.

Me encantas, alma de los soles.
Cada que te miro arrebatas los sabores de mi sino
y duermes apegada al embrujo de mi corazón dolido.

Niña, niña, niña blanca que me dio su hechizo.
Beso puro del adivino mirlo.
Hechicera blanca, maravilla fina,
a ti conjuro y en ti me ofrezco,
y en ti me miro.

Salvador Pliego

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Os dije



De aquí no.
Si esperáis encontrar esa flor,
os digo: de aquí no.
Si queréis hurgar por un beso
y extraerlo de un verso
o sentir la frescura del viento
que crisalidamente torna su aliento
sobre tu aposento, os digo: de aquí no.

Si el placer que se deleita
en los brazos de la amada,
la luna en brama, la noche oscura,
el silencio de los labios,
el sabor de un roce en una lengua,
el palpar la carne dulce, tierna,
melosa y paladeable,
os digo: de aquí no.

Si el trémulo sonar de las olas,
marea de nubes, tierra y gaseosas,
sales salpicadas por versículos de lirios,
oceánicas ondas que se distribuyen a si mismas
y que descubren la profundidad
sin limites de la existencia.
A ese mar, a esa ola,
os digo: de aquí no.

Ah, necedad, necedad la vuestra,
que aún seguís leyendo lo que no tiene sentido
ni algún pretendido sustento.

Necedad, simple necedad… Y seguisteis leyendo…
Os dije: ¡aquí no!.

Salvador Pliego

Nota: Es sólo una poesía cómica sin otra pretensión más que eso.

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HAY UNA MUJER POR SALVADOR PLIEGO

Hay una mujer,
has de saber…
Hay una mujer
que me nubla de placer…

¿Que haré si ella me toca?
¡Ay!. ¿Que haré si a mí me toca?
Hay una mujer de tisú y delicado proceder
que se enreda como seda
y pernocta en aguamiel.

¿Que haré si ella me roza?
¡Ay!. ¿Que haré si a mí me roza?
Hay una mujer que se desprende
de su cuerpo al mezclarse en mi querer.

Es como un sueño el rozarse con su piel:
seduce, hechiza y me enardece de placer

¡Ay!. ¿Que haré si a mí me besa?....
¿Que haré si a mí me besa?...
Si tan sólo un roce me vuelca de placer.

Salvador Pliego

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Maravillas... salvador pliego

Maravillas

Sobre tu cintura adornada
se crecen las maravillas.
Cascadas de aroma y alba
se prenden en gran mansalva:
unas se tejen de madrugada,
otras, a tus pupilas van esculpidas.

Granates en dijes de oro
relumbran sobre tu cuello,
y la luna medio escondida
se merma por aludida.

Belleza atezada de un ojo negro
que baña la playa como un espejo,
las cejas lindas le adornan
y pintan las chapas de fucsia y grana.

¡Ay de mis sueños de ave!.
Si tenerla pudiera en breve
y sentir su cintura que abre
lo que detenta belleza de gema y jade.

¡Preciosa!: así las flores tu nombre escriben.
El dulce eco que arrulla y gime
de blancas rosas habla y emerge
y sobre el rocío toca tu frente.

Guardián, el viento,
en ti se esculpe y adora en canto,
fulgura tenue junto a tu mano.
Cuentan los sueños que fuiste aurora,
y en mi ventana, muy de mañana,
del viento te desprendiste.

De tus caderas
se cuelgan las maravillas:
nardos de espuma, sutiles rimas,
rosas de aurora que lidian
con el semblante de las orquídeas;
Versos primaverales que en el otoño
buscaron nidos bajo tu hombro.

Si yo pudiera, si yo pudiera
llenar mis manos de maravillas:
como tus ojos, como mis sueños,
como un destello de golondrinas.

Si yo pudiese besarla toda
y llenar mis labios de maravillas…

Salvador Pliego

fuente imagen: luis royo

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Romances y veladas.

Acústica sonora, bemoles de tus ojos.
En una mesa puesta la cava de champagne,
la vela solitaria, a media luz entre tinieblas.

¡Oh de aquellos versos de tus labios!.
¡Oh de aquella tentación frente a una copa
en la abierta sed de mis deseos!.
La cárcava de luna en que te acoso.

Te miro enfrente
como un vino paladeable inagotable,
una luz sin cera que se agote,
una flor sin envase que te cerque.

Primorosa: la noche rinde pleitesía a tu belleza
y me vuelca apasionado al deseo.

Te vuelves infinita ante mis ojos;
Te desgranas como primavera ante mis dedos;
Te descubres como espuma
ante el reflejo de una copa;
Te derramas de begonias en sonrisas y alegrías.

Velada de ilusiones, velada y tentaciones.
Me seduce el fuego de la noche,
me incita el tacto que es aroma,
me invita el lenguaje de tus labios.
Entonces, sin pensarlo, en la velada de la vida,
me acerco y acaricio tu rodilla…

Un lucero en tu semblanza,
cárcava de luna en que se hundió mi anhelo.
Toda fuiste: voraz, intrépida, aguerrida.
Velada de ilusiones proferidas
en que se ahogo el deseo de tu cuerpo.
El sabor del vino entre sorbos y sorbo;
La copa cristalina reflejándose en tus labios;
El más volátil de los cantos
en que la sonora copa se bebió tus besos.
Noche en que mi mano saboreó el tejido tierno.
Centelleos de los astros que miraban
impacientes la hora en que habría de comenzar
el suave acariciar y el lento aprendizaje de tus ojos.

Cárcava de luna en que fluyó mi anhelo.
El deleite de la cava cuando acariciaba tu rodilla.

Cárcava de luna en el suspiro hondo de la noche:
la mirada firme en el fruto de tu suave toque.

Velada en que el silencio susurró sonidos dulces.
El vino y la alegría… la caricia en tu rodilla…
un besar de copas… velada en tus rodillas…

Noche infinita en que la espuma
se prendió del alba,
en que una sonrisa se quedó en la copa
saboreando el cuerpo de la deliciosa uva.

Un mirar de estrellas… una noche ilusionada…

Salvador Pliego

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En tu sueño.

Sueño de mar,
en tus ojos la tempestad vívida
se cierne sobre las mareas
y serenadamente se despliega
en tu sonrisa ese atardecer de ostras.

Marítima en tus brazos.
Espumosa de tus muslos.
Arenosa y humectante.
Oceánica despliegas cada palmo de tu cuerpo,
y solamente esos ojos
que se prenden de tus aguas
bañan las costas en que duermo.

La tranquilidad me llama
a tu osada furia,
y me atrinchero en tu cuerpo
desplegando el oleaje intenso
y huracanado de mis besos.

Al caer la tarde
sólo el oleaje escucho derramarse,
y tus ojos, como un sueño marítimo en estiaje,
calladamente se deslizan en mi hombro
donde duermen las aves otóñales,
y el sereno se posa
bendiciendo los besos del mañana.

Te amo como el ave cuando roza con sus alas
la espuma esbelta de las olas;
en cada toque de sollozos
o donde se transforman las sonrisas
en simples gotas de alegría,
y se frotan y se palpan
indefinidamente de por vida.

Te siento mía ventilándote
en las frescas ondas de mi cuerpo,
y te amo en la marea ininterrumpida
en que subes tu mirada hacia la mía.

Como un viento copioso te ofreces
a mis alas escarceando,

como perla que en la ostra se abandona.
Te amo a plenitud de vuelo y mares
y me duermo en el cobijo de tus labios
mientras tu deslizas esa brisa entusiasta
en la arena de mis hombros.
Te amo a plenitud de vuelo y mares.

Mar que erizas, que palpitas mis dominios:
Eres sueño en la vastedad de tus pupilas;
Eres la indómita ola en boca y labia;
La sulfureante cresta golpeándome en la cien;
La resaca incontrolada latiendo por doquier.

A ti te amo, mujer de viento,
mar y puerto azul en la mirada,
solitaria ola arrinconada,
bravía, silenciosa y apacible.
A ti te amo,
como se aman las olas y moluscos
en los barcos del coral anclado,
como viven derramándose
infinitos peces en profundidades,
como gota cristalina
que resbala en tu mejilla
y humedece el labio
que me besa y enamora.

Mar que miro en tu pupila:
Te amo a plenitud,
Hermosa playa y diva.
Guardo la marea en el corazón despierto.
Llevo tu mirada
a mi sed de viento enamorado.
Traigo tu latido escondido en mi latido.

A ti te amo, mujer,
como un océano hermoso e infinito.

Salvador Pliego