La Coctelera

"eramos angeles caidos, eramos la decadencia" poetas errantes

image

Categoría: XAHAVIER QUINTERO

UN AMANECER


Un amanecer, un atardecer, un anochecer,
la brisa del deshielo cae sobre las hojas
de los ancianos árboles
causando brotes.

El sol viene anunciando
la salida del santuario del delfín
y la llegada próxima del pescador con sus pies salitrados,
como huella de su heroína valentía.

Atenta la sabia gaviota inclinando el vuelo hacia su presa,
este es mi pueblo, mi puerto oculto
entre cerros, piedras y arbustos
el que me vio crecer y decrece r,
donde termina el suelo.

Sus antiguas aguas desbordadas
de sentimientos y huracanes de soledad
tan agresivo y tan pasivo.

Al anochecer sus embarcaciones se ocultan
y el silencio se hace escuchar,
pueblo mío, puerto calido y callado,
guardo tu recuerdo
como si fuera un infante
corriendo sobre tus arenas
y bañando mi cuerpo
en tus adentros.

XAHAVIER.

20, ago | sin comentarios Posteado por: poesiasubterranea En: XAHAVIER QUINTERO compártelo

EL JARDIN DE KORAL

Koral, hermana, lee mis cartas en silencio y calla.
Que mamá no se entere
Ella descansa en su silla de ruedas
Tejiendo mi vida con la paciencia de sus dedos.

I

Mi cabeza es una bomba de tiempo, una pulsación más y estallaré como el Big Bang.
Se han gestado gusanos hambrientos en mi médula y hoy salen exprimidos como tinta fermentada por mi yo de ultratumba, por ese extraño gnomo que nació del polvo, del mismo polvo que tupirá los ojos que hoy bañaste en marejadas de sal. Me asemejo al mar; busco un punto de reposo, algún trozo de tierra aislado, solitario y con puestas de sol. Un archipiélago firme donde soltar mis huesos y descansar en paz. Que así sea. Soy como los rieles del tren; necesito grasa obscura para suavizar mis sesos duros y resecos que sólo conducen a asperezas sin fomentar la sensibilidad de quien los lee.
El tren es un ejemplo descarrilado, un medio de transporte que utilicé para llevarte hasta mi féretro, la parábola es la grasa obscura.
No obstante un siniestro fluido danza en mi cabeza palpitando a diestra y siniestra como si el corazón de tu jardín latiera en mi sepulcro ¿lo oyes? Es un taladro genocida, me destroza el inconsciente anunciando la erosión de mi jardín ¿lo sientes?
Anuncia el derrumbamiento de los sueños que sembré. Me deforesta, mis enormes raíces se extinguen, siémbrame Koral, ¡me derrumbo!

II

Mis palabras te hieren…? Balas perdidas. Lo siento, lo presiento, lo lamento, no era esa mi intención…? No soy yo, el que escribe es mi cuerpo. Abajo estoy yo. Soy mi mensajero. El mensaje del que fui, más no de mí. No te hablo del que con migo va, hablo del que me arrancaron de la piel como una costra, del extraño gnomo que hoy encarna sobre estas *cartas rotundas para agonizar con la placidez de un hombre varado en el filo de la muerte.

Él construye el esqueleto del poema con la mano del que no has visto, los dedos del que no verás y los huesos del que fui y nunca viste.
Tejemos el corazón del poema con los ojos entreabiertos, la vida entrecortada y el absurdo deseo de vivir aferrado a un cuerpo como la cola amputada de una serpiente.
Busco la paz de mi alma (dentro de lo imposible), persigo el alma de la paz en los contornos de lo posible y he llegado a sospechar que entre mis lagunas hay un útero, una placenta o aún el calor de un cascaron para gestarme. Y es así de inútil que desconozco esas profundidades. Ahogarme hasta en lagunas mentales es como visitar mi tumba, es llevarme flores y pisotear el césped.

III

A ciencia cierta de tus ojos brotaran 2 cascadas de sal tupiéndote los ojos como un par de lunas ahogadas en llanto, pedirás que calle como una niña al despertar de su pesadilla y a ciencia incierta te diremos; La luna es un globo sonriente en mi ventana, el viento sopla como el leve zumbido de una gaviota y en mis noches de insomnio un ángel con tu rostro me visita. A ciencia oculta para mí la luna es sólo un cráneo luminoso pendiendo del cielo, el rocío es resaca de humedad que emerge de un cadáver y este viento lúgubre sólo es un leve soplido calcinándome…Ciencia oculta, Yo.

*Alberto Sicilia.

IV

Explicarte con palabras humanas que mi vida se desvanece como las olas al tocar tierra? ¿Cómo? si mi vida está pintada con gis en una pared bajo la lluvia.
Cómo decirte sin anestesia que mi vida desciende y se consume como la tinta de esta pluma.
Quiero deshacerme, desvanecerme y ascender como el vapor del agua hirviendo.
Quiero unirme, compactarme y descender como la lluvia ácida, filtrarme y hundirme, HUNDIRME a 1000 metros del nivel de mi dolor.
Quiero extinguirme como las puestas de sol, quiero puestas de sol, eso quiero. Querer no es poder. Puedo encerrarme en el horno donde mamá cocinaba panes para Navidad y salir calcinado en un miércoles de ceniza. Si puedo, no quiero, soy como Adán; me gusta lo prohibido, quiero puestas de sol.

V

Koral, hermana, su madre es la noche y tal orfandad me mata de pena, háblale con el timbre de voz que se le habla a los niños desesperados por salir del sarcófago. Articula tu lengua sólo para hacerme creer que existo, háblale como se le habla a los poetas cursis. No, no me hables de la muerte, la muerte no es un sustantivo, es el verbo hecho carne: Vibra, se mueve, la veo, la siento, la presiento, ahí viene. Es un verbo activo, el verbo encarnado en mí. “Lo exorcizo y te hablo de él como una sombra que pasó, como el bosquejo de una leyenda que se hundió”. La Atlántida.

Háblame de las nubes en tu vista, de las vigas que te ciegan como barrotes inquebrantables colgando de tus párpados, háblale con el bosquejo de tus voces esbozadas, vocifera que te quiero oír sin voz. ¡Vos!, habla, <> habla por Dios, sácame del sarcófago ¡Ayúdame a levantar estos 3 metros de tierra! dame el pésame y teje en mis ojos un jardín luminoso con columnas descendentes, un arco iris multicolor y el coro soledad cautivándonos en el fondo del lago cristalino.
Quiero ver tu luz, quiero sentir puestas de sol como las que retienes en tus ojos. Ángel de sol.

Desatar la lengua del inconsciente
es espulgar la cabeza
del que yace en mi.

VI

Por mi mente pasó un carruaje atado a dos caballos negros, su jinete sin cabeza me ve expresivo, lúgubre y tan realizado como la muerte. Hay muchos velorios, entierros, funerarias en espera y salitre, terrones de sal y amigos. -Ya estoy hablando de más, no hay amigos. No hay. Hay un túnel directo a mí, allí, veo a la muerte tan metódica e inteligente con el dedo índice en la sien planeando como matarme sin dolor (como yo se lo pido) toca mi hombro, sonríe y me besa apasionadamente hasta extraer con sus besos el mineral del alma, me deshabita y el cuerpo cuelga como una marioneta sin hilos. El vivo emigra de mí y lo espero ansioso como la princesa del cuento: Agonizo en la torre más alta del castillo cercado con fuego y dragones. El puente casi destruido cuelga sobre el infierno que me divide, yo voy valiente en busca de mí como el príncipe resignado a morir en el estómago de algún dragón que soy yo tragándome la espada y la armadura oxidada; me trago y me digiero, me ahogo, me deshago. Yo soy las llamas del infierno; me divido, y me quemo, me sumo, me consumo. Soy el castillo rodeado de fuego que nadie conoce; me construyo y protejo, me trabo, me derrumbo. Nos hundimos en silencio como una pequeña isla del Atlántico. Ese es mi consuelo, mi desconsuelo.

VII

Y yo andaría por las calles de esa isla desinhibido, desdichado, desnudo y descalzo como un loco peligroso que vaga en un carruaje atado a dos caballos negros y una corona de espinas clavada en la frente, o bien dedicaría mis 19 años a vivir como los sacerdotes excomulgados y resignados a la cordura; en ruinas, ahogado, salitrado y agónico como La Habana. ¡Oh! Habana, mi paraíso en agonía, mi hermoso cuadro matizado con orquídeas importadas del Edén y manchado con sangre por un demonio importado del infierno. ¡Oh! Habana, me aíslas, me ahogas, me gustas, por tus puestas de sol yo ofreciera las mejores partes de mi cuerpo, por esa brisa nocturna descendiendo por mi piel yo armaría una balsa de tu largo y ancho para que emigres de ti y los que te hunden como a mí. Muerte segura. -Morir es un acto heroico, lo espero ansioso como se espera un parto natural-

VIII

Y tú andarías por las calles de La Habana desinhibida, desvergonzada, desnuda y descalza desahogándote con cataratas de lágrimas como una loca peligrosa que canta la más fúnebre de sus canciones mientras carga mi cuerpo entre sus brazos, o bien dedicarías tus 24 años a vivir como las monjas excomulgadas y resignadas a vivir con los ojos tupidos de sal. <> ¿Qué no ves? Si tienes ojos para ver lee. ¡Mira a la loca desinhibida!, paralizó a los transeúntes del malecón, las balsas emigran, el viento es denso, el carruaje desvanece y la desvergonzada yace sobre el calor del pavimento. Muerte cerebral. La muerte celebra. Las muertes accidentales no son buenas; Llega desvelada y ojerosa al lugar de los hechos, carga los restos en su hombro y los desploma sin ganas en el jardín de cuerpos pálidos. “Detesto las muertes accidentales, son desagradables y desastrosas, termino descoyuntada, desecha y en mi desanimo descanso descaradamente en un cuerpo como este”. ¡Pero por Dios!, no te inspires, Exorcízame, esto es una inquisición, una intromisión del más allá, es su manera inteligente de intercalar con los deseos internos gestados en mi médula derecha (porque son dos; la derecha y la anarquista).

EN(t)RE-CUERDOS

IX

Me desconoces..........? Y sin embargo me viste nacer*, a caso no fuiste tú quien me dio el primer beso aquí en la tierra....? Acaso no viste tú mi cara de sonámbulo al ver esta cegadora luz terrenal.....? Mi corazón tembló de miedo como el de un venado frente al hombre (A estas alturas de mi vida y hablando de animales vertebrados, una pulsión más y hablaré de los moluscos gestados en mi médula) y me vine. Yo era el corazón de un niño y no pedía más que una canción de cuna, una tierna melodía para saturarme de notas musicales y olvidarme de existir. Quería, pero mi voz ya era de humano, había adquirido una voz y las voces son de este mundo.

Nací en Diciembre, cuando ni el trigo quiere nacer, cuando el calor huye y hasta el sol pierde algunos rayos. Desde ahí
germinó la raíz de la agonía. El destino me dio un salto del Génesis al Apocalipsis y caminé por el filo del bisturí (ese fue mi primer intento de suicidio).

Han pasado los años con la rapidez del pensamiento y mis sueños se han filtrado en el cedazo del mundo dejándome como resaca un espeso pánico existencial. Mi felicidad se ve en los ojos del niño romano que está a punto de ser ejecutado en la guillotina: Mis manos sudan y el pueblo clama piedad “Salve al inocente ¡salve, salve!”. Hay un pueblo en mi interior (la 7ª raza), habemos miles en disputa sobre la vida o la muerte. Mi singular aspecto de hombre en plural se enmascara y en un vaivén de interrogantes sin respuesta clamamos piedad “Salve al inocente, salve” ¡sálvome!
Sin más remedio que el de ser buen un buen verdugo, he recostado mi cuerpo en el niño que fui y sueño con puestas de sol.

Es desesperante empeñarme en cambiar el mundo con mis sueños. Es cam- biar el desespero de mis sueños empañando al mundo con mis cambios. (A estas alturas de mi vida y hablando de cambiar el mundo, 13 años más y estaré crucificado con las espinas bien clavadas).

*Novalis

TÚ ERES EL ALFA, YO EL OMEGA

Antaño, cuando la primavera éramos tú y yo columpiándonos en la curva de un arco iris, cuando mi alma destilaba fe y esperanza, yo pedía al cielo un día de luz, lo esperaba ansioso como el fiel amante en la estación de trenes; mordiendo mis uñas con el corazón agitado. Albergaba una vida llena de reflejos y leves espejismos de utopía pero como el fiel amante al fin desesperado me encerré en el laberinto de las venas (¿Mis venas son un laberinto sin salida? ¡Oh! Tadeo, dales su salida).

Javier, es tan en silencio este juego en que me encierras que desconozco cuánto tiempo tardarás en caer sobre tu propia trampa, sobre lo no poético, en el hollín de tu verdad. Es tan ensordecedor el eco de tus pensamientos que ignoro cuántos años resistirás este vivir sin vivir, este morir sin vivir que te ha obligado a enterrarme las uñas, sacar tus restos y ahogarme en un lecho de palabras.

Si has de vivir, que sea en prosa.

-Las palabras se anudan, se enlazan como si tu lengua las volteara aludiendo a mi verdad. Lengua temerosa.

Quien habla solo
Espera hablar a Dios un día.
Justo Reyes Padrón
X

En este lapso de tiempo (D. de Cristo y A. de Xahavier) el mundo ha sido un puente peligroso rodeado con fuego y dragones queriendo llegar a la torre más alta del castillo, allí, la muerte espera ansiosa por besarte apasionadamente y extraer el mineral del alma. Misión cumplida. En este jardín subterráneo nos hemos resignado a cavar la inmensa tumba que es el mundo.

Dios por su parte recuesta el cuerpo en un pilar del cielo, pone su dedo índice en la sien y bajo una cúpula celeste nos observa tan tranquilo y metódico, se para en media luna y tambaleándose de un lado a otro sueña con un mundo diferente, quiere volver a moldear barro con sus manos, lo piensa detenidamente pero le invade un profundo miedo de alfarero.

Yo quisiera que tus milagrosas manos retornaran el barro a polvo, para así unirnos aunque sólo sea en días de fango.

“Eres tan increíble como hacer un mundo en siete días, aún si mi poema no tiene la fuerza de un esqueleto para sostener tu cuerpo, quiero bajarte del madero y recostar tu cabeza en mi hombro, quiero cargar tu cruz y que tú cargues la mía. No fuiste tú quien hizo de la especie lo que somos. El mundo físico es terriblemente hermoso y el dolor humano tiene el color de mis ojos, yo hubiera querido para ti un jardín lleno de flores, montañas y tardes de lluvia para jugar con los pobres de la tierra, hubiese querido darte un cuento de hadas, una fábula o simplemente un corazón, el mío, para que lo habites y construyas en mí un pequeño Edén como el que encuentran los vivos al morir.

Oculto y entre mundos 2 internos habito un paraíso que eres tú; cierro los ojos y asciendo lentamente hasta encontrar el brillo de tus puestas de sol. Voy hacia ti, sin mí, desde mí, gaviotas salen por mi frente y me consagro a no volver pero es inútil, tengo párpados y los párpados son de este mundo. Los abro, existo y dejo de escribir.

XI

Y *Dios todopoderoso primeramente plantó un Jardín con árboles, flores, mariposas y hojas de higuera para que Eva y sus descendientes cubran sus genitales después del acto. Acto seguido su jardín se arrugó como las hojas de papel.
Transmutó a un semen-tedio.

Koral, hermana, lo sé, ves mis letras con los ojos de un venado cuando está en la mira del fusil, eres como una inocente niña tapándose los genitales creyendo que nadie sabe lo que oculta con sus manos. Como Koral en el país de las marañas, las maravillas de Koral en su jardín; coral plantado en el fondo del Atlántico, arrecifes en movimiento, líneas de luz filtrándose por tus confines, cantos de sirenas, la orquesta acuática pulsando arpas para ti y el cofre sepultado en el timón de un barco fantasma (yo). Es ahí, está allí el templo a Koral; Estrellas y unicornios de mar en reverencia hacia ti, diamantes nadando a tu entorno como peces de coloridas escamas y tu cabello negro ondeando en espirales. Concierto de olas arrastrándome con un impulso de pez hasta tus costas como los cadáveres vomitados por el mar v i n e l e n t a m e n t e, por el mar meirérapido.

¡Koral! Mira como se derrumban los pilares del jardín, mira cómo me derrumbo en los jardines de Pilar -digo- de Koral.

XII

Sabes…….? Cuando el reflejo de la luna penetraba en mi cuerpo como la humedad del cielo y las estrellas brillaron entre los ojos de la muerte, la penumbra se coaguló entre mis dedos y soñé que eras un ángel luminoso, cargabas mi cuerpo por una estrecha vereda rodeada de árboles y fantasmas, temblaba de miedo y sentí tus manos sobre mi cuerpo.
Llevabas la luna por diadema y un velo blanco hasta los pies como el ángel de la guarda que mamá pintaba ¿lo recuerdas? Caminando temerosa por las tablas de un puente detuviste la eternidad en tus ojos y apretaste mi cuerpo contra tu pecho. Nuestras almas se eclipsaron como un par de eslabones cuando de pronto la luna se deslizó entre tus dedos y en caída libre desperté sobre esta tumba desde la que te escribo versos inspirados en los restos de no sé quien. Este cuerpo que no soy yo tuvo insomnio anoche. Quién tuvo insomnio anoche…..? Alguien recostó su cuerpo en este cementerio mientras tú y yo cruzábamos el puente ¿Qué pasó entonces? Pasó un carruaje atado a dos caballos negros que llevaban mis restos a la funeraria en espera, su jinete me veía tan expresivo y lúgubre como la muerte. Él pasó. También pasó que te extraño, pasó, pasa y pasará que tú eres yo, yo soy tú y yo sin ti no soy. Eres, somos y seremos hasta que difuminados en una nube descendamos como las gotas de rocío. Maná de amor que emerge de los glaciares subterráneos gestados en el núcleo de mamá. Los descendientes descendiendo en escalas de sol.

XIII

Koral, hermana, lee mis cartas en silencio y calla. Que mamá no se entere, ella descansa en su silla de ruedas tejiendo mi vida con la paciencia de sus dedos.

Desde la quietud de este amable rincón que soy yo, veo las hojas caer bajo la sombra de un sauce, lágrimas negras descienden fingiendo ser rocío mientras yo intento decirte que estoy bien pero me falta tinta y ganas de vivir.

De repente, invadido por un destello de luz y arrastrado con el impulso de un náufrago que por error salió del útero -ideas prenatales-, izo velas, zarpo hasta llegar al archipiélago que espera mi llegada con un sol a medias encendido. -Si forcejear es resistencia, me opongo a creer en las falsas promesas de una isla imaginaria, los soles a medias encender no existen. Me lo dicen tus ojos. Ángel de sol.

Impulsados por el mito de existir el poeta y yo hemos construido un puente sostenido con los pilares de la locura, con él pretendo encontrar algún lugar donde gestarme y salir de este cuerpo, hemos golpeado mis retinas como la enorme puerta de un castillo pero tengo párpados y los párpados son de este mundo. Los cierro, existo y dejo de escribir.

XIV

Y tu andarías por las olas del atlántico descendiendo desnuda, descalza y desafiando la ley de gravedad con una tiara de coral en la frente cual sirena ungida y coronada por mí, cargarás mi cuerpo en tu regazo como a un niño enfermo y como el mismo niño incurable te pediré cantes la más tierna de tus melodías, la que nadie en este mundo me ha cantado, la que sólo tú y los ángeles del cielo pueden entonar.

Koral, hermana, llora en rayos con el brillo de tus puestas de sol y dame vida en tus confines: Estrellas y unicornios de mar danzando con el oleaje, la orquesta acuática pulsando arpas para ti, cantos de sirena, diamantes nadando a tu entorno como peces de coloridas escamas y el coro soledad cautivándonos en el fondo de tus arrecifes.

XAHAVIER QUINTERO.

16, ago | 16 comentarios Posteado por: poesiasubterranea En: XAHAVIER QUINTERO compártelo