Ojos dulces que miráis bonito,
renaciendo en su entorno
la belleza y el suspiro.
Ojos mirlos y dorados
de fragancias y colores.
Ojos de argentita, azul y grana.
Ojos del amanecer: brillantes, seductores y vivaces.
Ojos que develan noches por mirarlos tristes.
Ojos que levantan el cardumen de los mares
en su azul pupila,
o se bañan verdes
de primaverales flores,
o se tiñen negros
en consteladas y espaciosas noches.
Bellos ojos que delatan tu hermosura,
que exhiben el placer de la mirada,
que provocan dicha y exaltan la finura de tu rostro.
Lindos ojos que al abrirse enamoran y extasían.
Seductores ojos del amor y la conquista.
Son tus ojos, los ojos que me miran.
Los ojos de pupilas blancas que me ciegan.
Los ojos que en mi pecho laten y desvelan.
Los mismos ojos que sonríen en mi rostro.
Luminosos ojos abriéndome tus ojos.
El pan diario que consumo en tus pupilas.
El respiro necesario de un párpado coloro.
Bellos ojos, tus ojos, en mis ojos.
Es la dicha en plena algarabía.
Una sonrisa como nunca hacia la vida.
Un festejo nunca predecido.
Un romance engalanando y coqueteando.
Un suspiro vuelto loco y enjundioso.
Son tus ojos, esos ojos tan hermosos.
Son tus ojos mirando hacia mis ojos.
El desliz de tu mirada: preciosa, arrebolada,
primorosa y contagiosa.
Esos ojos, tus ojos, en mis ojos:
bellos, naturales y enjundiosos.
Son tus ojos un placer para mis ojos.
Salvador Pliego
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